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Vine a San José con mi madre en el verano de 1999, durante un punto bajo en nuestras vidas.  Mis padres estaban divorciándose y mi madre y yo nos mudamos a San José.  Como el hijo mayor me tocó ayudar a mi madre a re-establecerse.  Ella encontró un trabajo en una empresa de tecnología local casi inmediatamente.  Gracias a su salario, el único de la familia, y con la ayuda de un fiador, ella pudo rentar un apartamento de dos recamaras por cerca de $1,200.  Aunque mi madre aún vive ahí, su renta es más alta, y ahora ella trabaja en un campo completamente diferente, donde gana menos de lo que ganaba 16 años atrás.

Después de recibirme de la escuela secundaria Independence, decidí ir a la universidad y después a la facultad de derecho.  Habiendo vivido fuera del estado por un tiempo, regresé a San José para estar con mi familia. En mi ausencia, mi madre prosperó a medida que la economía del Valle floreció.  Pero en cuanto la recesión llegó, mi madre perdió su trabajo.  Y como tantos americanos que perdieron su trabajo en ese entonces,  ella nunca pudo encontrar otro trabajo como el que perdió.  Para mejorar sus posibilidades de encontrar otro empleo, mi madre regresó a la escuela para obtener su título intermedio en educación primaria.  Actualmente ella trabaja como maestra substituta para la Oficina de Educación del Condado de Santa Clara.  El trabajo no es constante, y su paga no siempre cubre sus necesidades.  Sus planes de una jubilación feliz ahora se ven amenazados por la preocupación más inmediata de poder pagar la renta cada mes.  Las experiencias de mi madre representan la vida de una persona pero creo que, como ella, muchas otras personas en San José viven de cheque en cheque.

Esta ciudad nos ha dado, a mi madre y a mí, cierta estabilidad y la posibilidad del éxito cuando llegamos hace ya muchos años.  Sin embargo, no estoy seguro que los nuevos residentes de San José encontrarán las mismas oportunidades que mi familia y yo encontramos al llegar.  Me estoy postulando para el Consejo de la Ciudad porque quiero asegurarme que San José fortalezca su promesa de progreso para aquellos que trabajan para lograrlo, sin importar su lugar de origen.  Como la décima ciudad más grande de los Estados Unidos y con los recursos del Valle del Silicio a nuestro alcance, nos sobra la capacidad intelectual para resolver nuestros problemas. Es tiempo que el Consejo de la Ciudad implemente la política que creará las nuevas sendas de prosperidad para sus residentes en el siglo 21.

Le pido humildemente su apoyo y su voto.

Hagamos de San José una ciudad donde podamos estar y vivir felices.

Atentamente,

Lan Diep

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